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Nieve, nieve, nieve… mires a donde mires todo esta nevado. Sólo los valles con una cota muy baja empiezan a perder ese agua cristalizada por el frío que forma esos copos que uno tras otro hacen que  niños y niñas quieran ir a tocarlos y verlos caer despacio como si de una pelusa se tratara. Ver caer un copo me hipnotiza.

El problema es que yo ya no soy un niño y no me basta con ver los copos caer. Casi, pero necesito más. Esta es la historia de un viaje con esquís por montañas que no se esquían excepto cuando las mejores tormentas tocan con su varita mágica esas pequeñas montañas. Mischka sacudió bien la varita.
Ha pasado una semana desde que comenzó el temporal y la nieve y el hielo es algo cotidiano en un pueblo a apenas doscientos cuarenta metros sobre el nivel del mar en una latitud tan baja como la de Amurrio. A los más ancianos les ha entrado un miedo más que comprensible a salir a la calle y resbalar con el hielo que ni se ve oculto por la nieve. Sin embargo surgen actividades en nieve por todos los montes de alrededor, oportunidades que no podemos dejar que se escapen.
Llego el jueves doce de febrero, un día que a priori se anunciaba más nublado que los anteriores pero que afortunadamente no lo fue. Tras acompañar a mi abuela a comprar y coger provisiones por si el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina mi cabeza no hacía más que pensar si esa nieve costra de días anteriores se habría transformado en dócil nieve “primavera”. Una nieve que a primera hora del día es dura y según pasan las horas la incidencia del sol hace que se vaya reblandeciendo hasta hacerla agua y muy pesada en las horas de más calor. Y como no sabía las horas que iba a estar dándole “GASSS” fui donde Ormaetxea a comprar unos geles y barritas. El vino y el jamón mejor para cenas románticas.
Sobre las once y media llego a Garrastatxu, una bonita ermita de la cual sale un muro a dos alturas que forma un patio donde antiguamente se realizaban corridas de toros. El camino está abierto y avanzo un poco más, justo debajo del monte Katxabazo. Aparco el coche y me preparo lo más rápido posible. El día está soleado, me doy crema en la cara y me guardo en el bolsillo el cacao para los labios. Porteo el tramo de pista que queda hasta llegar a la entrada del Parque Natural del Gorbea donde me calzo los esquís en una nieve un poco “sopa” que no me impide subir a buen ritmo.
Aunque sigue habiendo mucha nieve no dejo de pensar en la bajada que hicimos por este mismo lugar el domingo pasado cuando subimos al Nafarkorta con una buena costra. La subida comienza por una ladera suroeste a la que afecta mucho el sol por eso ha trasformado tanto la nieve e incluso en algunos sitios ha creado grandes calvas. También se aprecia por este mismo efecto del calor como los helechos, el brezo y algún que otro mato vuelven a surgir.
Poco a poco voy cogiendo altura y el espesor y calidad de la nieve mejora, Me acelero y a ratos subo el ritmo. Voy pensando en hacer un buen entreno pero con la mente abierta sin ceñirme a un recorrido especifico ni a un tiempo determinado. Estoy en la muga entre Álava y Vizcaya pero lo sé sólo porque está en mi cabeza. Si algo espectacular y magnifico tiene la nieve, y más una nevada de este calibre, es que no hay caminos, no hay muros, no hay cierres de alambre que interrumpan tu trayectoria, sólo tu mente es la que puede limitar la libertad de tus movimientos. el SKIMO es un ejercicio de libertad.

Vicente Contreras Usategui

Llego a Aranako Harria (1017m.), primera cima pensando en el descenso por una cara sur. Esta deliciosa, los primeros metros son espectaculares. Según pierdo altura la nieve es más pesada y cuesta girar cada vez más. Hasta que llego al principio de un pequeño bosque de hayas, segunda transición y rumbo al Oderiaga (1244m.) y el que yo pensaba el monte más alto de esta excursión invernal. Avanzo rápido, casi a ritmo de carrera. Las condiciones lo permiten y… ¡estoy gozando!. llegó al Oderiaga y miro hacia el este, se ve la cruz del Gorbea y en medio el Usotegieta. Analizo la posible bajada desde el Oderiaga hasta Arlobi, ¿Me la juego? ¡No van a repetirse estas condiciones en mucho tiempo!. Veo que si subo al Usotegieta puedo llegar sin remar hasta uno de los puentes que hay en Arlobi que cruza el río Baias y enlaza perfectamente con la subida al Gorbea. ¡No me lo pienso!. Descenso increíble, con buena pendiente, ancho, los últimos metros buscando el paso del río para no tener que saltar, ¡el paso es evidente y la subida más!. Como un poco durante las primeras “zetas” del Usateguieta que también aprovecho para ver la línea que he seguido del Oderiaga. La sonrisa es inevitable, estoy haciendo ski de montaña a tan sólo 15min de casa.

Vicente Contreras Usategui

El Usotegieta (1187m.) es una loma “pequeña” sin árboles entre el Gorbea y el Oderiaga. La sorpresa es que empiezo a descender y las primeras rampas son espectaculares. Velocidad y  giros teniendo que librar algún “escalón”. Luego cuando pasas un dolmen tienes que buscar la línea para no tener que remar. Faldeo una pequeña colina y de nuevo unos cuantos giros y acabo de llegar al puente que tenía en mente. ¿La bajada? cuatrocientos cincuenta metros de desnivel en aproximadamente dos kilómetros. ¡FULL GASSSS!.

Vicente Contreras Usategui
Vicente Contreras Usategui

Comienza la etapa reina de este día blanco y soleado, me lo tomo con calma que hay mucho camino por recorrer todavía. Veo que sube gente por la vertiente de Zarate y Murua. Por las laderas del Gorbea ya se ven huellas de esquís, raquetas y pisadas sin ningún tipo de artilugio que haga más fácil el avance con semejante cantidad de nieve que en algunas zonas llega al metro de altura. Llegando a la zona más alta el viento empieza a ser cada vez más molesto. Paro un segundo y me pongo los guantes, continuo. Al llegar a La cruz del Gorbea (1482m.) coincido con la gente que estaba subiendo por la vertiente de Zarate. La cruz esta forrada de hielo blanco que en algunos sitios se ha desprendido. Transición rápida y hacia el Ipergorta siguiendo el trazado de la “Orozko Mugari Bira”. El descenso es por una cara norte en la que el  sol no se ha asomado mucho y es en el único punto de la ruta donde encuentro nieve “costra”. Aun así en cuanto desciendo de altura y busco palas soleadas empiezo a gozar a niveles muy muy impensables. La sensación de esquiar entre pinos es espectacular, pero esquiar entre hayas centenarias con sus espectaculares ramas hacen que mientras desciendas pienses en gigantes que con sus enormes brazos quieran atraparte y tu esquives uno tras otro librándote de ellos sin querer mirar hacia atrás. Llego a un claro y ahí sí me doy la vuelta, todo está en su sitio, Descanso un instante y vuelvo a enfrentarme a los últimos gigantes de esta emblemática montaña cada vez con los brazos más largos hasta que aparezco en un paraje majestuoso, el nacimiento del río Baias.

Vicente Contreras Usategui

Todavía hay sol y ya con un ritmo mucho más relajado voy hacia el Ipergorta. He hecho algunas veces este recorrido en bici pero está totalmente cambiado. Las cornisas son enormes y se asoman hacia el valle por donde subo como gigantes olas a punto de romper. Me paro a contemplarlas y veo un lugar por donde puedo atravesarlas hasta la cima. Detrás de esas grandes cornisas hay una franja donde ni siquiera hay nieve, esto es debido al efecto del viento.

Vicente Contreras Usategui
Vicente Contreras Usategui

Ipergorta (1235 m.) es un monte que pertenece a Itxina un Biotopo protegido de 572ha. donde perderse es más fácil de lo que parece. Bonito, como si de un bosque encantado se tratase, digno de cualquier película de fantasía-aventura tipo El señor de los anillos. Pero quizás en otra gran nevada intente adentrarme en Itxina. Esta vez toca descender hacia otro viejo hayal por donde pasa la carrera de montaña de Orozko; en primavera más o menos. Esta bajada es algo diferente a las anteriores, la línea no es tan evidente y tienes que buscar donde quieres aterrizar cogiendo unos toboganes estrechos que dan a tres arroyos los cuales tienes que pasar. El último me hizo jaque pero pude saltarlo. Por esta zona ha cargado mucho o las hayas al tener la ramas más gordas han sucumbido al peso de la nieve porque se ven muchas ramas rotas.

Vicente Contreras Usategui
Vicente Contreras Usategui

Ya afronto la que parece ser mi última subida. Voy a cerrar el círculo que empecé en el Oderiaga, esta vez asciendo por la vertiente de Ibarra. Cruzo la carretera que va a Austigarmin y por encima de las campas de Algorta voy hacia unas zetas que las debieron de hacer para probar algún tipo vehículo con tracción especial porque su inclinación rondara el 28%. Aquí también se ha formado un buen ventisquero. Llego a la cima y el tiempo ya ha empezado a cambiar. Hay unas nubes más oscuras y cerradas aun así los pocos rayos que pasan iluminan con fuerza las extensas llanuras del horizonte que se forman en la meseta. Comienzo a descender hacia Garrastatxu. Al principio recto, cogiendo velocidad para librar una planicie. Luego unos cuantos giros, se coge velocidad y aunque la bajada es anchísima de vez en cuando afloran helechos y brezo con los que hay que tener cuidado. De repente veo que alguien sube a lo lejos. Me voy acercado y me doy cuenta que es Xabi. Voy hacia él, le saludo y hablamos un poco. Cuando nos vamos a despedir le digo: “¡si me esperas te acompaño!”. La verdad es que debería estar cansado y lo estaba, pero no tenía ninguna molestia y había que aprovechar esas condiciones. Al principio hablamos un poco pero en dos segundos tengo que ponerme detrás de él. Vamos a buen ritmo y yo procuro ir siempre pegado hasta que a pocos metros de ese hito que ya pisaba por tercera vez, el famoso Oderiaga, me descuelgo unos metros. Cima, unas fotos y de  nuevo hacia Garrastatxu, esta vez sí.

Vicente Contreras Usategui

por Vicente Contreras Usategui

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